Saturday, January 21, 2012

La SOPA que nos desagrada.




Lo más gracioso de todo es que, en todos los años que llevo descargando libros en PDF, fueron casi siempre obras sin derechos de autor.
Gracias al Internet libre conocí al marqués de Sade, las obras de Kierkegaard, obras de Suetonio, Tácito y Plinio, rarezas como "el diablo Cojuelo", un clásico español del Siglo de Oro, y libros de Chretien de Troyes. Pero ahora que van a censurar Internet, tocará que me ofrezcan en las librerías esos libros desabridos y de portadas cutre que quieren hacer pasar por muy buenos, a precio de un ojo de la cara, y soportar también que los vendedores, al escuchar mis ingenuas peticiones, hagan como que buscan el libro, cuando bien saben que no lo tienen ni lo tendrán.


Si algo hizo por mí Internet, irónicamente, es acercarme a los tiempos antiguos, a los siglos XVI, XVII, XVIII Y XIX, y parte de la primera mitad del siglo XX. Sin dejar de amar lo bueno de mi tiempo, y sin deplorar del todo el presente, pude enriquecer mi vida con el espíritu de los tiempos pasados. Soy de la idea que el siglo XXI es más rico en tanto puede contener, en la gran red, lo mejor de todos los tiempos. La experiencia humana de todas las épocas en una sola época. Por eso amo vivir en el siglo XXI, a pesar de que éste arrastre las mismas injusticas y desgracias que no se solucionaron en los siglos precedentes.


Gracias a Internet también vi películas antiguas. De esas que no pasan en la tele, de esas que no dan en los cines. Todo eso alimentó mi imaginación. Me hizo soñar como hace el buen cine: soñar sueños que no son los míos.
Yo no sé qué ocurra luego con Internet, no sé si volverá a ser la gran carretera donde se encuentra todo lo bueno y todo lo malo de la cultura universal. Al menos, con el Internet que disfrutamos, tenemos (no sé si luego diremos “tuvimos”) la opción de elegir. Es cierto que no todos tienen inquietudes intelectuales, y no es un crimen que alguien no las tenga. Es cierto que las descargas de libros y películas en Internet no hicieron al mundo más justo, no salvaron a nadie de la miseria ni dieron un vuelco social y político que nos hiciera mejores como especie. Pero sí ha hecho las delicias de algunos miles de seres que, como yo, no nos hemos conformado con lo que nos pone la industria frente a las narices. Los que, como yo, no tuvimos dinero para comprar un libro raro y antiguo y que, aún consiguiendo el dinero, nos frustramos cuando el vendedor nos dijo que no tenía lo que buscábamos.

¡Ah y la música! ¡Música de todos los tiempos, de todas las formas posibles! Barroca, de cámara,

charlestone, swing, jazz, soul, bossa nova, rock progresivo, pop y rock! ¡Y formando cada uno, en una sola carpeta, el soundtrack de nuestra vida entera!




Nosotros, tal vez, volveremos a peinar las bibliotecas. A fastidiar a los vendedores. A pedir prestado a los amigos. No se acabará el mundo, es verdad. Pero siempre pensaremos en qué lindo era acceder a un enlace y, con solo un click, Y GRATIS, descargar un archivo.

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