
Al contrario: discrepo con este cartelito. Pensar es lo que resulta carísimo. Cuando piensas, te sustraes de todos los dogmas y discursos que a diario la Tv, la Internet y las autoridades tratan de hacerte creer. Cuando piensas por ti mismo, deduces el lado bueno y malo de cada situación, y logras ver el lado absurdo e irracional de las cosas, te das cuenta que hasta los discursos políticamente correctos tienen su faceta perversa.
Hoy es fácil creer en cualquier cosa. Chicos abundan, en las universidades, que se creen héroes antisistema. Que se creen los dueños de la verdad, los salvadores del mundo. Hoy, aparte de la tiranía de los viejos dogmas, vivimos la tiranía de los antiguos marginados, la tiranía de la izquierda light, de los amigos de las teorías de conspiración, la tiranía de aquellos que se creen demócratas hasta los tuétanos y que, no obstante, suelen ser más tiranos en sus círculos íntimos que aquellos dictadores contra los cuales despotrican.
Pensar por uno mismo significa estar en el medio y ganarse enemigos de ambos lados. Cualquiera puede pensar como los demás. Eso no es solo fácil, sino hasta cómodo. No pensar, y tomar del mundo alguna filosofía o dogma ya hecho, supone colocarse uno mismo una etiqueta y tener un rebaño al cual pertenecer: tener una tribu urbana, enemigos a los cuales odiar, y aliados a los cuales adular. Pero pensar por cuenta propia es algo que los dogmáticos del mundo no perdonan.
Piénsatelo bien si un día quieres gastar tu paciencia, tu tranquilidad y tu espíritu gregario por algo tan poco rentable como pensar. La tasa de interés es alta y losbeneficios casi nulos. Lo mejor es que des marcha atrás y vuelvas a tus afiches del Che Guevara, a tu muro de Facebook lleno de intelectualidad barata, a tus protestas y marchas multicolor que no cambian el mundo y que te dan la falsa ilusión que sí. Pensar te puede volver cínico y resentido. Hasta misántropo. Y loco. Solo unos cuantos elegidos logran cruzar la vaya del cinismo y el resentimiento, únicamente para llegar a un paraíso frío y solitario, como el del Zarathustra de Nietzsche.
Piénsatelo bien. Nadie tendría por qué culparte en caso elijas la comodidad.
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