
La"flor azul",metáfora del don poético y de lo inalcanzable en literatura, proviene de "Enrique de Ofterdingen", un simpático librito de Novalis. Para este autor, las épocas románticas eran edades de transición entre dos mundos, a menudo épocas convulsas y de gran confusión.
Hay, en "Enrique de Ofterdingen", una cierta nostalgia por la presunta "edad de oro", por la armonía entre el hombre y la Naturaleza que los filósofos pre-darwinistas tanto encomiaban.
El libro está empapado enteramente de la ingenuidad filosófico-humanista del siglo XVIII, presupone una cierta bondad en el hombre y trata el tema de la maldad más como un asunto metafísico, como fuerzas en choque entre el Caos primigenio y el Orden. Se escucha claramente el eco de Rousseau.Este pasaje podría ser controvertido para la sensibilidad contemporánea,ya que otorga estética a la guerra, la que en estos tiempos consideramos de lo más repudiable:
"Con la Naturaleza ocurre como con los hombres: su esencia está dividida y en ella se encuentra una interna contradicción; en su seno la sorda codicia, la insensibilidad y la inercia estúpidas libran una lucha sin tregua con la poesía. Sería un tema hermoso para un poema la gran batalla que tienen entablada estos dos mundos. Como la mayoría de loshombres, algunos países y algunas épocas –y no pocos, precisamente– parecen estar bajo el imperio de esta enemiga de la poesía; en otros, en cambio, ésta se encuentra como en su propia patria y se hace visible en todas partes. Para un historiador las épocas en que se libra esta batalla son extraordinariamente interesantes y su descripción es una tarea fascinante y llena de enseñanzas. Generalmente son las épocas en que nacen los poetas. Para esta Enemiga no hay nada más desagradable que el hecho de que ella misma, frente a la Poesía, se convierta en una persona poética, y no es raro que en el calor de la lucha cambie sus armas con ella y sea herida gravemente por sus propios dardos, llenos de perfidia; por el contrario, en cambio, las heridas que la Poesía recibe de sus propias armas se curan fácilmente y la hacen todavía más fuerte y atractiva.
–A mí la guerra, en cuanto tal –dijo Enrique–, me parece una obra poética. Los
hombres creen que deben batirse por un miserable puñado de tierra y no se dan
cuenta de que lo que les mueve es el espíritu romántico *; lo que persiguen, aun sin ellos saberlo, es la aniquilación de sus propios instintos bajos y mezquinos. Todos empuñan las armas por la causa de la poesía, y los dos ejércitos, sin verla, siguen una misma bandera.
–En la guerra –contestó Klingsohr– se ponen en movimiento los elementos
originarios de la Vida. Nuevos continentes deben surgir, nuevas razas deben nacer
de esta gran agitación. La verdadera guerra es la guerra de religión: es una guerra
que se encamina directamente a la destrucción total, y en ella el delirio del hombre
aparece en su forma plenaria. Muchas guerras, de un modo especial las que se
originan por odios nacionales, pertenecen a esta clase, y son verdaderos poemas.
En ellas los verdaderos héroes se encuentran en su elemento: estos hombres que
son la más noble réplica del poeta, que no son otra cosa que las fuerzas del mundo
penetradas inconscientemente de poesía. Un poeta que fuera al mismo tiempo un
héroe sería ya un enviado de Dios; sin embargo, nuestra poesía no es capaz de
darnos una figura como ésta."
Aún así, mal haría un lector en dejarse llevar por sus prejuicios y su visión de lo políticamente correcto. Enrique de Ofterdingen es un libro particularmente bello que aún se mantiene joven; a un poco más de 200 años de ser creado, todavía es la clase de libro que puede conectarse con la sensibilidad adolescente. El bildungsroman por excelencia: la obra que sentará el molde para las posteriores novelas de iniciación de novelistas y poetas.
0 comments:
Post a Comment